lunes, 11 de agosto de 2008
La pretendida fábrica de sueños y sus consecuencias.
Gracias a la repentina y afortunada entrada en escena de un antiguo compañero de universidad he podido recordar por unos momentos la calurosa huella que dejaron en mí los años pasados en la Facultad de Ciencias de la Información, rama de imagen, durante los primeros años de la década de los noventa. Profesores mediocres -la mayoría-, tiempo perdido en asignaturas irrelevantes, prácticas nulas en talleres fantasma, y en medio de aquel caos ineficiente, el trabajo silencioso de unos pocos -y pongo a nuestro querido Don Antonio Castro de ejemplo- y la pasión con que unos cuantos sentíamos la que por entonces era nuestra "raison d-etre", ese testigo que muchos recibimos de nuestros padres y que hoy transmitimos obstinadamente a nuestros sobrinos e hijos.
¿Qué sentido tiene mantener viva la llama de esta devoción en este tiempo soluble que todo lo diluye?¿Qué oscuro designio se esconde en el hecho de estremecerse cuando un nombre como el de "Ernst Lubitsch" o "Howard Hawks" aparecen en glorioso blanco y negro en un LCD de 42 pulgadas preparado para transmitir en HD? Es más, ¿hará el HD que la experiencia de visionar películas como "El apartamento" o "Perdición" sea mas completa? En mi opinión, el paso del tiempo nos hace cada día mas fuertes y valiosos, y es que en este tiempo de inmediatez y sobreproducción, el fuego encerrado en el gran cine que mamamos y que ahora apenas llega a las televisiones arde en nosotros y nos alumbra en la sagrada tarea de transmitirlo a los que vienen y no encuentran el modo de llegar a el.
Como bien demuestra Sergio en su blog, el amor por el cine, mas que un estigma, debe manifestarse como un emblema distintivo, la llave secreta del recinto donde unos pocos elegidos y afortunados consiguen que su vida, durante unas horas y a perpetuidad a partir de ellas, trascienda la cotidianeidad y les convierta en heroes, villanos, enamorados, bailarines, soldados y robots.
Actualmente asistimos embobados y sobrecogidos al apabullante despliegue de Pixar en su demoledora y definitiva Wall-E, pudiendo encontrar en la peripecia de su protagonista un hilo mágico que une su solitaria desdicha -eso que Eva llama "instrucción"- con el apetito insatisfecho de un Chaplin que sólo puede aspirar a laimentarse sorbiendo los cordones de sus botas como si de spaguettis se trataran; en este círculo que parece cerrarse y que no hace mas que abrir nuevos e infinitos círculos a su alrededor, nuestra vivencia de espectador queda colmada, y no hay mas que podamos pedir o necesitar.
Y si Paul Newman se ha retirado a sus cuarteles de invierno a fallecer con dignidad, que llene de aire sus pulmones heridos y saque pecho porque el Eddie Felson que un día encarnó vivirá eternamente.
Asi que, sin mas preámbulos, levantemos nuestras copas por el glorioso cine que nunca muere.
Mantengamos la llama viva y ardiente.
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3 comentarios:
Levanto la copa contigo, amigo mío.
Soy abstemia, pero brindo también con ustedes, si me lo permiten.
¡¡¡Buenas socio!!! A partir de ahora te sigo de nuevo. Este mes Paul Auster y en ocutubre Murakami...¿qué te parece? jejeje... Un abrazo
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